EXPANSIÓN DE LA CONCIENCIA

“Las grandes preguntas nunca van a poder responderse del todo. La certeza, es la mayor de las utopías del Hombre”

 

¿Cómo expandir la conciencia sin conocer qué es y dónde se encuentra? Pues bien, esa es la primera pregunta que debemos hacernos.

Generalmente, influenciados por la enseñanza dogmática y la cultura, el término conciencia se limita al contexto de la moral y del “buen” actuar. Siendo así y por su origen etimológico, no podemos decir que esté erróneamente aplicada bajo los contextos anteriores,  pero  estaríamos refiriéndonos entonces a la conciencia condicionada.

Tanto la moral, como los conceptos del bien y el mal, son aspectos influenciados por las culturas, algunas corrientes filosóficas, las creencias religiosas y las épocas. Lo que en occidente es “moral” quizás no lo sea en oriente. En el Antiguo Testamento, era moral para el hombre desposarse con menores de edad, con la cuñada o con varias mujeres a la vez, igualmente repudiar a una mujer si no pudiera concebir un heredero. En la actualidad, todo aquello lo tomaríamos por inmoral.  Lo que fue moral para la Santa Inquisición, hoy es genocidio. Durante las épocas Medieval e inicios Renacentistas, en Europa y aun en la América de la Colonia, se consideraba una herejía e inmoral, adentrarse en las ciencias. Hoy no podemos concebir el progreso de la humanidad sin la participación de la Ciencia. La Mujer de aquellos tiempos, ni siquiera era considerada individuo, existiendo bajo la patria potestad del padre o más tarde del marido, no tenían acceso a los libros ni al conocimiento, sobra decir que sería considerada inmoral. Por lo que queda claro que la Conciencia no es ni moral, ni el concepto del bien y el mal a menos que nos estemos refiriendo a la conciencia condicionada.  La Conciencia, como parte del Ser, es mucho más grande que cualquier concepto fabricado por el Hombre.

Comparto con ustedes el siguiente extracto de un Texto de Julio Cesar traducido del latín, ya que me parece muy interesante para entrar en el tema.

“Sin embargo este hecho ofreció ante todos una gran ofensa y desprecio para aquellos, y entendían que eso era así, tanto por las acusaciones de otros como también por el juicio propio de su país, y la conciencia de su espíritu” (De Bello Civili. III. 60,2)

¿Qué es entonces la Conciencia?

   Enterado estaría Julio César cuando hablaba de La conciencia del espíritu O así me gustaría creerlo.

Se entiende por Conciencia un aspecto del espíritu humano que puede manifestarse ya sea en el cerebro a través del pensamiento o en la intuición a través del corazón, la glándula pineal, y pituitaria,  por lo tanto expandir la Conciencia nos acerca más al poder intuitivo. Es el proceso por el cual percibimos las cosas con los sentidos o mejor dicho, con los supra sentidos (tema para otro escrito) para luego analizar lo percibido a partir de las experiencias y la observación.

No estamos separados sino que formamos parte del Todo, de un Ser Universal, Energía Universal, Fuente, Dios, Conciencia Pura o Logos (“Logos” entendido en el término filosófico de aquello que gobierna y crea todo lo que es). Nuestra esencia es Conciencia Pura por lo tanto, podemos decir que somos energía desarrollando Conciencia. Que en el principio, antes de la densidad, fuimos Conciencia Pura y esa esencia, siempre formará parte de quienes somos. Somos Conciencia.

Al expandir la Conciencia, estamos re-conociendo quienes somos en verdad, y no, la limitada conciencia condicionada que nos impone el medio en el que nacemos. Como expresiones singulares de la Totalidad, nos limitamos a la existencia material, la densidad, y somos condicionados durante la vida, necesario para adquirir conocimiento y adaptarnos a la tridimensionalidad,  pero en el proceso, perdemos la sabiduría innata que nuestra “Conciencia del Espíritu”, sí recuerda.

Expandir la Conciencia requiere trabajo, empezando por reconocer que nuestra verdadera esencia, es justamente, Conciencia. Varias técnicas nos llevarán por buen camino, pero cada uno debe de encontrar su propio método. Por ejemplo, la meditación profunda, el silencio, la calma,  la observación, el hábito de desaprender para luego reaprender, de cuestionarnos y estar dispuestos a descubrir nuestro “nuevo” Yo. Elevar nuestra rata vibratoria lo cual puede lograrse mediante y durante la meditación y la respiración consciente. Cuidar el pensamiento, proyectamos lo que pensamos y somos lo que proyectamos. Nuestro pensamiento construye la realidad en que vivimos, al mismo tiempo que la palabra o el sonido afectan la materia – pensar en positivo. Practicar el Amor, la tolerancia y la empatía. Y sobre todo, reconocer desde el corazón, que somos parte del Todo y todo está unido. En cuanto a la segunda pregunta, ¿Dónde se encuentra la Conciencia? Está en nuestro espíritu como un puente que mantiene unida a la persona con el Principio, está en nuestro corazón, en nuestra mente,  está dentro nosotros, alrededor y aún más allá.   Así de grandes somos.

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¿CUÁL CAMINO ESTAMOS RECORRIENDO?

 

     El camino de este viaje, al que llamamos vida, es la experiencia. Quien no se ocupa de su experiencia vive en vano o no vive y no sé qué es peor. Solemos existir bajo las expectativas que nos dictan el medio, el sistema, la cultura,  los amigos o la familia.

   Nos avergüenza cometer errores, equivocarnos, o tomar “malas” decisiones, procurando vivir bajo un decálogo de reglas impuestas por una sociedad poco tolerante y rápida en calificar, al otro por supuesto, muy pocas veces o nunca, a sí mismos. Cuando comprendamos que está bien equivocarse, cometer errores, cambiar de opinión, será cuando estemos viviendo nuestra propia experiencia de forma libre y plena. Equivoquémonos, cometamos errores y si viene la adversidad, mejor aún, porque es la adversidad la que nos forma, no la sociedad, no el sistema, ni siquiera la educación. Al final, somos el producto de nuestras propias experiencias.  Si creemos saberlo todo, estar siempre en lo correcto, ser perfectos, no damos posibilidad a conocernos a nosotros mismos, tal vez, el reto más difícil de todos. No nos abrimos a la necesidad imperante de cuestionar, buscar, aprender y comprender. Estaríamos entonces negándonos,  a ésta gran y maravillosa aventura que es  ¡Ser! -Vivir y existir. En el tanto comprendamos, que somos una parte del todo con la naturaleza, con el Universo y con el resto de los seres, un alma experimentando la existencia material y no viceversa, en ese mismo tanto comprenderemos que la vida que se nos ha dado, es el mayor regalo del Universo. La experiencia, es el medio por el cual nuestra alma evoluciona en conciencia y como parte de un todo, evoluciona el Universo con nosotros. Es esa la promesa más grande de amor que nos fue concedida, el libre albedrío.

   Pero es el miedo, el estado más cómodo para evadir la responsabilidad de vivir, de ignorar las posibilidades que la vida nos ofrece, de experimentar vivencia y por último, Ser. No olvidemos que, el miedo, es producto de aquel milenio oscurantista que se valió de él para controlar a las personas y negar la divina individualidad y grandeza del ser humano. Se plantó como una semilla en la memoria genética de la humanidad para poder dictar sus destinos a través del castigo y el pecado, bajo un teocéntrico concepto de lo “bueno” y lo “malo”.

   Hay solo dos “pecados capitales” que debemos evitar en este camino al que llamamos vida: 1- No amar, 2- No perdonar. Para los demás y para  nosotros mismos. Si aprendemos a vivir en amor y perdón, el resto estará implícito.